El desempleo y los problemas psicológicos que lo acompañan

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El desempleo y los problemas psicológicos que lo acompañan
El trabajo es sin duda la principal fuente de ingresos y el sustento que tenemos la mayoría de las personas para poder mantener un hogar y sacar adelante una familia. Pero además de esto, diversos estudios han demostrado que el trabajo también nos ayuda a conseguir un bienestar psicológico y social, dado que nos impone una estructura del tiempo, implica tener contacto con personas ajenas al núcleo familiar y compartir con ellas experiencias distintas, proporciona estatus social y crea hábitos y rutinas.

Es normal que la gran mayoría nos quejemos del exceso de trabajo, del jefe o del sueldo, pero aún así el trabajo ocupa gran parte de nuestras vidas y es importante.

Cuando una persona trabajadora se encuentra de repente en situación de desempleo, puede experimentar poderosas y negativas repercusiones muchos aspectos de nuestras vidas, desde el desamparo económico, hasta otras que pasan más desapercibidas, como las repercusiones emocionales, psicológicas y sociales.

En ocasiones se pueden minimizar los efectos económicos del desempleo a través de los subsidios y otros mecanismos económicos de defensa, pero no sucede así con las repercusiones psicológicas y sociales del mismo, porque muchas veces no están disponibles las ayudas necesarias.

El desempleo forzoso provoca en nosotros respuestas de ansiedad, tensión, angustia y preocupación, que en algunas personas puede llevarles incluso sufrir una depresión. Tiene también efectos sobre nuestra autoestima e identidad personal, ya que cuando el desempleo tiene una cierta duración dejamos de ser los profesionales que fuimos para adquirir la condición de parados, con todo el simbolismo que representa dicho sustantivo. Además, como ya hemos visto, también tiene efectos sobre la estructuración de nuestra vida diaria. Cuando estamos trabajando no tenemos por qué preocuparnos por lo que vamos a hacer con nuestro tiempo, ya está planificado; pero para el desempleado esto ha desaparecido, y hay que organizar una nueva para cada día, con escasos recursos económicos.

Si por desgracia esta situación de desempleo se alarga en el tiempo, es probable que empecemos a sentir desesperanza o sentimientos de culpabilidad por encontrarnos de esta manera. También cambia nuestra red de relaciones. Antes teníamos compañeros de trabajo; ahora tenemos compañeros de paro, y las conversaciones se ajustan a esta nueva situación. Y así un día tras otro, lo que va minando nuestros ánimos y esperanzas de mejorar.

De todas formas, es de remarcar que las consecuencias psicológicas son diferentes según las distintas edades de las personas. Para los jóvenes por ejemplo, el desempleo prolonga su dependencia de los padres y provoca un estado de irritabilidad y de rebelión que puede derivar en otro de marginalidad. Es fácil que se recluyan en casa, se queden horas y horas viendo la tele o escuchando música, además sienten vergüenza ante la familia y amigos, ya que piensan que ellos son los culpables de estar en paro. Si este estado se prolonga en el tiempo, muchos jóvenes acaban mostrándose apáticos y resignados, abandonando la búsqueda de trabajo ante los fracasos repetidos. Otras veces, en especial quienes tienen un elevado nivel cultural, pueden transformar su irritabilidad en trastornos psicosomáticos como problemas digestivos, broncopulmonares y dermatológicos.

Los adultos en cambio suelen pasar por varias fases ante un despido. Dependiendo de lo inesperado de la situación, primero experimentan una sensación aguda de incredulidad, se sienten sorprendidos por la noticia, desorientados y con miedo al futuro. Posteriormente pueden creer que están como de vacaciones, lo perciben como una situación temporal y a menudo se dedican a hacer arreglos en la vivienda durante un tiempo. Pero llega un punto en el que tienen la necesidad de buscar trabajo y, ante los repetidos fracasos, se sienten ansiosos e irritables, una fase que puede durar varios meses y que también puede derivar en distintos trastornos físicos, en estos casos son más habituales los cardiovasculares.

Cuando terminan por reconocer su identidad de desempleados, la viven como un fracaso personal y social. Igual que los jóvenes, tienden a quedarse en casa ante la televisión o duermen más horas de lo habitual, con una enorme sensación de vacío.

Marta Guerri Pons
Psicóloga

 

La OIT dice que el paro en España tardará 10 años en volver a niveles anteriores a la crisis

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La OIT dice que el paro en España tardará 10 años en volver a niveles anteriores a la crisis

La Organización Internacional ve margen para subir en España en los próximos tres años un 10% el salario mínimo interprofesional (SMI), que es de 655,20 euros mensuales para 2016.

AGENCIAS

MADRID.- La tasa de paro descenderá hasta el 19,5% en 2016, desde el 21,18% actual, y caerá dos décimas adicionales en 2017, hasta el 19,3%, según el anexo dedicado a España dentro del informe ‘Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo: Tendencias 2016’ de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La organización señala que se trata de una “modesta mejora” y anticipa que, de mantenerse la tendencia observada en la tasa de desempleo de los últimos años, “España tardaría al menos 10 años en volver a los niveles de antes de la crisis”.

Además, la OIT precisa en su informe que la creación de empleo será del 0,9% este año y se estancará el próximo.

En paralelo, la tasa de población activa descenderá ligeramente hasta situarse en el 58,2% y el 58% en estos dos años, mientras que la productividad será la que repunte un 1,7% en 2016 y un 2,2%, respectivamente.

El director del Instituto Internacional de Estudios Laborales de la OIT, Raymond Torres, ha señalado que el crecimiento económico en España “es real” y está llevando a una reducción del desempleo, en un entorno de interés y precios del petróleo “favorable”.

Sin embargo, ha añadido que “los desafíos aún siguen siendo importantes y la situación es de las peores en el mundo desarrollado” si se atiende a parámetros actuales como las tasas de temporalidad, el desempleo juvenil o la pobreza laboral.

“No hay un problema en la creación de empleo, sino en su calidad”, ha dicho Raymond, y “más allá del debate político, lo importante es evaluar esas reformas laborales para después iniciar una nueva”.

En este sentido, el director de la oficina de la OIT en España, Joaquín Nieto, ha asegurado que “en España hay recuperación económica sin recuperación social”, y ha abogado por la mejora de los ingresos salariales y las prestaciones y protección social.

Raymond ha desgranado una serie de medidas necesarias para impulsar la creación de empleo de calidad, como facilitar el crecimiento de las pymes, realizar reformas tributarias y en el sistema bancario que, a su juicio, “no lo hace lo suficiente 8 años después del inicio de la crisis financiera”.

También políticas sectoriales y tecnológicas y enfocadas al impulso a la economía verde, y la revisión del sistema educativo para acompañar a los jóvenes hacia el mercado laboral, con más idiomas, orientación, formación técnica, puentes entre la FP y universidad y un con un mucho mayor número de prácticas profesionales.

A su juicio, las políticas activas de empleo “no han cobrado nunca el protagonismo necesario”, porque los servicios públicos de empleo “no están a la altura de las circunstancias, no pueden con el volumen de desempleo”, ya que se han reducido los orientadores cuando debería haber 1 por cada 80 desempleados. También ha criticado la garantía juvenil porque “ha fracasado”, con fondos disponibles que no se utilizan porque las oficinas de empleo no están capacitadas para gestionarlos”.

También requieren de un apoyo especifico con orientación los parados de larga duración, ha dicho Raymond, al tiempo que ha abogado por mejorar la cobertura de la negociación colectiva, que “ha disminuido tras la reforma laboral y hay que evaluarla y ver cómo impulsarla, para reducir desigualdades”.

También hay que poner en marcha políticas de género, una progresividad de la tributación fiscal para que las empresas paguen impuestos en función de sus ganancias y acabar con el “oligopolio en el mercado energético”, que explica el alto precio de la energía en España perjudicando a las clases bajas y a la creación de empleo, ha dicho.

Informe OIT sobre España

Claves para que un autónomo pueda cobrar el paro

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Claves para que un autónomo pueda cobrar el paro

Los trabajadores autónomos tienen derecho a una cobertura por cese de actividad, el denominado popularmente paro de los autónomos. Se puso en marcha el pasado 26 de diciembre de 2014 al modificarse la Ley de Mutuas que forma parte de la Ley General de la Seguridad Social. Desde su entrada en vigor el 1 de enero de 2015 los autónomos cuentan con un sistema de protección de trabajadores por cuenta propia de carácter voluntario. Sin embargo, existen ciertos requisitos para poder acceder a dicha prestación. Los repasamos:

  • El autónomo debe estar dado de alta en la Seguridad Social y estar al día en el pago de sus cuotas.
  • El trabajador por cuenta propia no puede haber alcanzado la edad de jubilación.
  • La Ley 32/2010 del 5 de agosto prevé todas las incompatibilidades contempladas para acceder al “paro de los autónomos”.
  • El autónomo debe acreditar un periodo de cotización mínimo para poder cobrar la prestación. Ocurre lo mismo en caso de cese de actividad, cuyo plazo es de al menos un año, esto es doce meses consecutivos anteriores al cese, con el mismo mes en el que se produzca incluido.
  • El cese de la actividad del autónomo debe obedecer a criterios económicos, pérdida de licencia o casos de fuerza mayor que van desde la violencia de género al divorcio pasando por separaciones de bienes matrimoniales. Todos ellos deben justificarse.
  • Es suficiente con acreditar un nivel de pérdidas de su negocio del 10% para poder solicitar el paro de los autónomos. Anteriormente este límite ascendía al 30%.
  • El autónomo, como cualquier parado que cobra una prestación por desempleo, debe firmar un compromiso de actividad atendiendo a toda convocatoria del SEPE de índole formativo, emprendedor o de orientación profesional.
  • Deberá asimismo cumplir con las obligaciones propias especificadas en los artículos 17.1 g) y h) de la Ley 32/2010, de 5 de agosto.

 Infojobs, advierte sobre el paro: “Se dibuja una versión empeorada a la que existía antes de la crisis”

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 Infojobs, advierte sobre el paro: “Se dibuja una versión empeorada a la que existía antes de la crisis”

 

La bajada del paro durante el año 2015 (en 354.000 personas) podría continuar durante los dos próximos años pero la recuperación puede dibujar un panorama peor que el que había al inicio de la crisis, en el año 2008.
Según el portal de empleo Infojobs, en el año 2017 se puede reducir la tasa de paro hasta el 17,5% si se mantiene la tendencia, con un incremento de la ocupación de 437.900 personas en 2016 y de 438.500 al año siguiente.
Pero recuerdan que “las buenas perspectivas no pueden hacer olvidar los problemas que sigue teniendo el mercado laboral español” y que, si se logra esa tasa de desempleo en 2017, se situaría al nivel de la que se registró en el segundo trimestre de 2009. “Esto significa que al mercado laboral le habrá costado una década recuperar los niveles anteriores a la crisis”, añaden.
Infojobs considera que al “factor puramente cuantitativo del descenso del paro hay que añadirle el cualitativo de la calidad” y que ésta aparece repleta “de signos de precariedad”. Además, muestra su preocupación por la estacionalidad, “con unos picos de incremento de actividad durante 2015 muy marcados en Semana Santa, verano y la campaña navideña, delatando el fuerte peso del turismo y del comercio vinculado a la demanda interna”.
“De este modo, se dibuja un panorama de recuperación del mercado laboral que se parece demasiado a una versión empeorada del que existía antes de la crisis de 2008”, concluye el portal de empleo.
RAJOY, OPTIMISTA; LOS SINDICATOS, NO TANTO
Más optimista se ha mostrado el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante la entrevista que ha concedido a la Cadena COPE, donde ha asegurado no estar “satisfecho” por los datos del paro registrado aunque “sí con la tendencia de la legislatura”.
“La tendencia es muy buena, pero hay que perserverarla, por eso dije que había que crear, y que se podía, dos millones de puestos de trabajo en los próximos cuatro años”, ha agregado.
Por su parte, la Unión Sindical Obrera (USO) cree que la caída del paro en 2015 es “en cierto modo positiva”, pero resulta insuficiente para hacer frente al “grave” problema del desempleo en España.
Según USO, casi 4,4 millones de parados esperan una “respuesta efectiva” del Gobierno porque es el momento de recuperar el empleo “de calidad, digno, con remuneraciones justas y derechos laborales”.
“Las políticas activas de empleo y reciclaje, acabar con la dualidad del mercado de trabajo, luchar contra la precariedad laboral y el empleo sumergido deben de ser objetivos centrales para 2016”, el secretario de Organización de USO, David Díaz.

Diez consejos para que los parados mayores de 45 años encuentren un trabajo

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Diez consejos para que los parados mayores de 45 años encuentren un trabajo

 
Cerca de 2 millones de parados superan los 45 años en España, estiman desde la Fundación Adecco que resaltan que son los más afectados por el desempleo de larga duración y los más expuestos a la exclusión social. Por este motivo, esta Fundación ha editado el decálogo gratuito «Tu edad es un Tesoro», a la que precedió la Guía 15 consejos para encontrar trabajo, con 10 claves para que este segmento de la población pueda competir con eficacia en el mercado laboral:

1.Reciclaje profesional. Con la crisis económica, algunos sectores tradicionales han dejado de generar oportunidades laborales, por lo que debemos conocer las nuevas necesidades del mercado y adaptarnos a las mismas. Esto no quiere decir que lo que hayamos hecho hasta ahora no sirva de nada. Sólo tenemos que cambiar un poco el enfoque, completando nuestra candidatura con nuevas formaciones y competencias.

2.Currículum breve. Cuando superamos los 45 años, acostumbramos a acumular un importante bagaje profesional. Probablemente, llevemos más de 20 años trabajando y, en este tiempo, hemos tenido numerosas y variadas experiencias laborales. Sin embargo, hemos de escoger sólo las más significativas y redactarlas en orden cronológico inverso, de forma que siempre sean percibidas las experiencias más recientes. En total, nunca superemos las 2 páginas.

3.Aporta valor a las experiencias prolongadas. Es muy posible que, en nuestra trayectoria profesional, contemos con periodos muy extensos en la misma empresa (más de 5 años). En este caso, no sólo hemos de describir las funciones que hemos desempeñado, sino buscar aspectos que las enriquezcan o las doten de un valor añadido

4. Adapta tu currículum a cada oferta. A menudo, cuando buscamos trabajo, no nos centramos en un único perfil, sino que estamos abiertos a diferentes ofertas laborales. Por ello, si estamos interesados en 2 puestos diferentes, hemos de ofrecer a cada reclutador lo que busca, a través de un currículum ad hoc. Tener más de 45 años es una ventaja para tener varios modelos de currículum, ya que –en muchos casos- a lo largo de nuestra vida hemos desempeñado puestos en sectores diferentes y variados.

5.Alfabetización tecnológica. Hasta hace un par de décadas, no era necesario saber encender un ordenador para optar a ciertos tipos de empleo. Sin embargo, hoy vivimos en un mundo digitalizado, en el que casi todos los puestos nos exigirán cierta intuición tecnológica. No es necesario ser un experto en la materia, pero sí hemos de tener nociones básicas en 3 ámbitos: paquete office, correo electrónico y navegación por internet.

6.Las Redes Sociales dan un barniz de jovialidad a nuestra candidatura Las Redes Sociales son una nueva forma de relacionarnos con los demás a través de Internet, compartiendo información que nos aporta valor a nivel personal o profesional. Las dos más famosas son Twitter y Linkedin. Si tenemos más de 45 años y contamos con un perfil profesional en ambas plataformas, nuestra candidatura será percibida de forma mucho más positiva, ya que transmitiremos la imagen de profesional actualizado y a la vanguardia en nuevas tecnologías.

7.Presenta la edad como un valor añadido. Hay que partir de una premisa: tener más de 45 años no es un problema y nunca hemos de ocultarlo. Muy al contrario, tenemos de estar orgullosos de nuestra edad y de la experiencia y conocimientos que hemos acumulado, viendo reforzados valores como la experiencia, la madurez, la templanza o el control emocional.

8.El voluntariado: la mejor forma de llenar tiempos vacíos. El paro de larga duración se ha convertido en un mal crónico para muchos mayores de 45 años. Por todo ello, es importante llenar estos vacíos y hay una fórmula que resulta muy bien valorada por las empresas: el voluntariado. Es una opción muy positiva siempre, pero aún más cuando la tarea de buscar empleo se prolonga más de lo que esperábamos. Nos ayuda a sentirnos útiles para la sociedad, nos permite hacer nuevos contactos y que las empresas nos perciban como personas dinámicas y comprometidas con el entorno.

9.Conservar una actitud positiva. Aunque es el consejo número nueve, realmente es la piedra angular de todo el proceso de búsqueda, los cimientos sobre los que edificaremos nuestra estrategia laboral. La edad no debe desanimarnos, sino que hemos de tener tanto positivismo como años cumplidos.

10.No estás solo: En este decáloco se recomienda acudir a ayuda experta. Si a pesar de tener una buena planificación en tu búsqueda de empleo, transcurren los meses y no tienes éxito, recuerda que no estás solo, sino que existen a tu disposición entidades expertas en inserción laboral.

En esta línea, Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, resalta que «en ocasiones, algunas empresas ven a los candidatos como un lienzo en blanco en el que pintar sus valores corporativos, temiendo que el mayor de 45 años sea menos flexible a interiorizarlos, a afrontar cambios o a adaptarse a un equipo más joven». Además, añade que «existen otras creencias estereotipadas y nada reales, como que el trabajador mayor exigirá contratos estables y mejor remunerados».

En opinión de Arancha Jiménez, directora de operaciónes, «muchos desempleados mayores de 45 años solicitan nuestro apoyo, porque se sienten desbordados a la hora de competir en un mercado laboral cada vez más complejo y exigente»

El drama del desempleo de larga duración

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El drama del desempleo de larga duración

De entre todas las tragedias que una crisis como la actual depara, ninguna se percibe más injusta que la de los parados de larga duración. Mientras el tiempo medio de desempleo en una recesión más ligera no tiene por qué ser preocupante, la prolongada duración de la actual coyuntura hace que cada vez más trabajadores hayan sobrepasado los distintos umbrales a partir de los cuales un desempleado pasa a considerarse de larga duración. Así, una situación que antes de la crisis afectaba solo a poco más de 400.000 personas, el 25% de los desempleados, afecta hoy a casi tres millones, más del 50% de los parados.

En una situación en la que la tasa de ocupación, es decir, el porcentaje de la población adulta con trabajo, ha caído de nuevo por debajo del 60%, el paso a la inactividad indefinida de grandes colectivos de ciudadanos supondría una pérdida irreparable del recurso más preciado con el que cuenta todo país: sus trabajadores.

La pérdida de habilidades laborales asociada al desempleo de larga duración está causando un deterioro del capital humano en España. Este problema se concentra, además, en los grupos de edad más avanzada. Si bien en la franja de entre los 60 y los 64 años, no se considera tan grave debido a la cercanía a la edad de jubilación, el problema para los desempleados de las franjas inmediatamente anteriores es significativo y trágico. A un parado de 55 años le quedarían todavía unos 12 años hasta su jubilación, pero la combinación de su edad con el desempleo de larga duración hace casi imposible su reinserción laboral.

Efecto psicológico.

Además, el cómputo de la base de cotización para la pensión se basa desproporcionadamente en los últimos años de la vida laboral, de forma que quienes no coticen los últimos años percibirán una pensión sensiblemente menor, independientemente de los años que lleven cotizados. Una situación de nuevo injusta que afectará al colectivo con más dificultades para reciclarse.

El desempleo de larga duración tiene dos consecuencias negativas bien documentadas, una de naturaleza psicológica y otra económica o de empleabilidad. En primer lugar los parados sufren fuertes daños emocionales debido a la baja autoestima y a la sensación de no ser útiles para su propia familia ni para la sociedad. El sociólogo Thomas Cottle, de la Universidad de Boston, documenta en su obra Los momentos más difíciles: el trauma del desempleo de larga duración, cómo los individuos, aunque la situación se deba a menudo a circunstancias externas, acaban por internalizar las causas y sufriendo fuertes daños: “El desempleo de larga duración tiene efectos devastadores a nivel físico, psicológico y espiritual”.

Estos daños psicológicos tienden además a empeorar la segunda consecuencia del desempleo prolongado: la cada vez más escasa probabilidad de encontrar un nuevo empleo. Los motivos por los que este fenómeno puede darse son diversos, pero todos ellos están ligados a un concepto hoy clave para la comprensión del comportamiento humano, la “teoría de la señalización”. Esta teoría intenta explicar cómo los empleadores interpretan la poca información que conocen sobre un candidato a partir de lo que dicha información puede sugerir sobre su comportamiento pasado. Así, alguien puede haber perdido su empleo por una circunstancia ajena a su desempeño, pero también existe la posibilidad de que existiese un problema real con su rendimiento o compromiso, lo cual lo pone en desventaja respecto a otros candidatos que aún conservan su trabajo.

Puede también que sea fruto de la mala suerte, que una persona tarde más de un año en encontrar un empleo, pero puede que el candidato no lo encuentre porque su disposición a trabajar y su compromiso no sean sólidos. Es decir, los desempleados de larga duración llevan consigo un estigma laboral que no se deriva directamente de su actitud o aptitudes personales, sino que sufre interferencias a menudo de la situación general.

Todo esto, ya de por sí injusto e indeseable, condena al desempleo a individuos capaces y motivados por el simple hecho de pertenecer al grupo erróneo. El fenómeno, conocido como la “discriminación racional”, ha sido también ampliamente estudiado, y los investigadores han descubierto que se trata de un problema que se retroalimenta constantemente. Es decir, no solo ocurre que el empresario o el empleador puedan formarse un estereotipo negativo a partir de la realidad que acompaña a una persona mucho tiempo desempleada, sino que además esta mayor tasa de rechazo provoca a su vez un efecto perverso: los desempleados perciben que van a ser injustamente tratados en el mercado laboral, se desaniman y comienzan a invertir menos esfuerzo en buscar empleo.

El efecto final de esta rueda es desalentador. Como ha mostrado Rand Ghayad, de la Northeastern University, la probabilidad de encontrar un empleo comienza a reducirse seriamente a partir del sexto mes de paro. El equipo de Ghayad confeccionó 4.600 currículos falsos, que fueron enviados a 600 ofertas laborales distintas, y en los cuales se describían individuos con distintos niveles de formación, experiencia y situación respecto a cuánto tiempo llevaban sin trabajo. Los resultados fueron demoledores: mientras los empleadores respondían al menos a las solicitudes de aquellos con poca experiencia laboral que solo habían estado unos pocos meses desempleados, ignoraban casi sistemáticamente las solicitudes de quienes llevaban ya más de seis meses en el paro. Ni la experiencia previa ni los motivos de la pérdida del trabajo parecían importar; los currículos de quienes llevaban medio año sin trabajar eran automáticamente descartados.

El perfil de los candidatos.

No obstante, aún existe una esperanza para que esta injusta situación comience a cambiar. Algunas de las más importantes empresas de recursos humanos están descubriendo, a partir del análisis de las bases de datos masivas sobre sus usuarios y su historial de empleo, que la situación previa de desempleo, aun cuando se trate de larga duración, no es un buen criterio para predecir la idoneidad de un candidato.

¿En qué medida puede llegar esta nueva corriente a las decisiones de contratación de la empresa española? Si la discriminación basada en el tiempo de desempleo es injusta y además ineficiente, ¿existe algún mecanismo institucional que pueda avanzar en dicha dirección? Lamentablemente, parece que no. La legislación laboral poco puede hacer al respecto; aunque pueda demostrarse que la discriminación basada en la antigüedad en el desempleo es contraproducente socialmente, en la práctica sería imposible demostrar que un rechazo ha sido debido a dicha característica. Además, dado que la propia naturaleza del mercado laboral requiere la confección de un currículum detallado para la búsqueda de empleo, resultaría también imposible impedir que los empleadores no tuvieran acceso a dicha situación.
La solución al problema es, por lo tanto, muy difícil. No existe prácticamente ningún mecanismo institucional, más allá de los incentivos fiscales, capaz de aumentar la empleabilidad de los parados de larga duración, especialmente la de aquellos que superan ya los 50 años de edad. Solo una modernización en los departamentos de recursos humanos de las empresas puede lograr que se valore a cada candidato según su valía y no a partir de una discriminación por la pertenencia a dicho grupo. La responsabilidad no se encuentra, por lo tanto, únicamente en el Gobierno, sino en todos los agentes que toman decisiones de contratación y que no deberían desaprovechar un enorme colectivo de ciudadanos que lucha por reincorporarse al mundo laboral.
Tiempo.

Empleo Precario

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Un cáncer para la economía


España lleva casi dos años creando empleo, pero muy precario: en 2015, el 92% de los nuevos trabajos fueron temporales y el 35% por horas. Somos el segundo país de Europa con más empleo temporal, tras Polonia : 1 de cada 4 trabajadores tienen contrato con fecha de caducidad. Muchos dirán: mejor un trabajo precario que estar en paro. Sí, pero cuidado: tanto empleo precario no sólo perjudica a los que lo tienen, sino a todo el país: tira hacia debajo de los sueldos, hay más riesgo de quedarse en paro, se cotiza poco y las pensiones tienen un peligroso “agujero”, se compran y alquilan menos viviendas, los jóvenes no se emancipan, nacen menos niños, hay más desarraigo social y político y los trabajadores precarios son menos productivos, consumen poco y se crece menos. El trabajo precario es un cáncer para la economía. Urge mejorar la calidad del empleo, no sólo por dignidad, también para conseguir un crecimiento mayor y más estable. Nos importa a todos.

enrique ortega

La precariedad en el empleo no es algo exclusivo de esta crisis: España la lleva sufriendo 30 años. Los contratos temporales surgieron con fuerza en la crisis de los años 80, cuando el Gobierno de Felipe González aprobó, en 1984, el contrato temporal no causal, con una indemnización más baja que la de los contratos indefinidos. En 1.987 ya hay un 23% de contratos temporales y siguen creciendo en los años 90, hasta llegar a un récord del 40% de contratos temporales en 1995. Y en 2007, España tenía un 32% de contratos temporales, el segundo porcentaje mayor de Europa, tras Polonia. Al estallar la crisis, las empresas empiezan a despedir primero a los trabajadores temporales y por eso baja su porcentaje, al 24,98% en 2011. Pero después, suben con la reforma laboral de Rajoy (2012), hasta el 25,66% en 2015, porque casi todo el empleo que se ha creado en los dos últimos años es temporal.

En 2015, el 91,87% de todos los contratos firmados fueron temporales y sólo un 8,13% fijos. Y lo peor, además, es que cada vez son contratos por menos tiempo: los contratos por 7 días o menos fueron la cuarta parte del total y un tercio fueron por menos de un mes. En la industria, por ejemplo, antes de la crisis se firmaban contratos temporales por 6 meses de media y ahora se firman por menos de dos meses. O sea que si antes se hacían 2 contratos al año por puesto, ahora se hacen 6. Pura rotación: cada vez hay más personas por cada empleo.

El otro problema de los contratos temporales es que no se convierten en contratos fijos: entre 2013 y 2014, sólo un 11% de los que empezaron con un contrato temporal consiguieron después un contrato indefinido, según los datos de Empleo. En Europa, esa tasa de conversión de temporales en fijos es el doble, el 28% en la UE-28, aunque en Reino Unido se hacen fijos el 61% de los contratos temporales, en Alemania el 28%, en Italia el 21% y en Portugal el 18%. Así que somos el segundo país de Europa que menos transforma contratos temporales en fijos, sólo por detrás de Francia (10%).

La otra cara de la precariedad son los contratos a tiempo parcial, por horas, que también han batido todos los récords en 2014 y 2015. El año pasado, un 35,58% de los contratos firmados fueron por menos tiempo de la jornada normal (y el 89% eran además temporales). Son contratos por horas o por días, aunque en muchos casos es un fraude y el empleado trabaja 8,10 o 12 horas y cotiza por 4 (algo habitual en hostelería y comercio). Las mujeres son las más afectadas: fueron por horas la mitad de los contratos conseguidos en 2015 (47,28%), mientras eran sólo la cuarta parte de los hechos a los hombres (26,5%).

Aumentan los que trabajan menos horas, pero a cambio, para compensarlo, los demás trabajadores hacen muchas más horas extras, sobre todo con la reforma laboral aprobada por el Gobierno Rajoy (febrero 2012): se hacían 5.937.100 horas extras semanales a finales de 2015, según la EPA, 600.000 más que a finales de 2011. Y la mayoría, el 54% no se pagan (cuando en 2011 sólo el 49% no se pagaban). Del total de asalariados (15 millones), 727.600 trabajadores hacen horas extras y al 51,6% no se las pagan. Otra forma de precariedad.

Y también hay más “precariedad” en los contratos fijos. En 2015, para crearse un puesto de trabajo indefinido hubo que firmar 1,45 contratos fijos, cuando en 2007 eran 1,18 contratos. O sea que la crisis y la reforma laboral han provocado también que haya más rotación en el empleo indefinido: es necesario firmar más contratos fijos para consolidar un empleo permanente. O sea, que también los contratos indefinidos son ahora más inestables.

Al final, el aumento de la precariedad desde 2011 configura un mercado laboral donde el 25,66% de los trabajadores tienen un contrato temporal, el segundo mayor porcentaje de Europa, tras Polonia (28% de temporales), casi el doble que en Europa (14%) y por delante de Reino Unido (7%), Alemania (13%), Italia (14%), Francia (16%) o Portugal (22%), según datos de Eurostat. Y el 15,71% de los trabajadores españoles tienen un contrato a tiempo parcial, por horas, aún por debajo de la media europea (19,5% en UE-28), pero con dos importantes diferencias: aquí la mayoría de estos contratos por horas son temporales y no se eligen, sino que se cogen porque no hay otro trabajo. El 62% de los españoles con estos contratos querrían un contrato a tiempo completo, según la EPA, mientras sólo lo tenían “obligados” un 32% en Francia, un 17,5% en Reino Unido o un 13,7% en Alemania, según la OCDE .

Como se ve, los datos de la precariedad laboral en España son apabullantes. Un problema que afecta sobre todo a los trabajadores precarios (1 de cada 4), pero también al resto de trabajadores y a todo el país. La primera consecuencia de la precariedad son los bajos salarios, porque es un empleo peor pagado: un trabajador con contrato temporal gana un 37% menos que uno con contrato fijo y un trabajador a tiempo parcial gana la tercera parte que uno a jornada completa, según los datos del INE. Pero además, esos bajos salarios de los precarios “tiran a la baja” del resto de los salarios, provocando que los sueldos de todos los trabajadores bajen (2012-2014) o apenas suban (2015). Y el que no quiera ya sabe: hay 100 esperando por ocupar su puesto ganando la mitad. El resultado es que, con tanta precariedad, el salario más corriente ha bajado a 15.500 euros brutos (unos 1.000 euros netos en 14 pagas), según el INE. Y que el 40% de los asalariados (5,9 millones de trabajadores) ganan menos del salario mínimo (655,20 euros al mes), según UGT.

La segunda consecuencia de la alta precariedad es el riesgo de perder el empleo, dado que el 89% de los contratos temporales no se convierten en fijos. Y ese riesgo aumenta si vuelve la crisis, contagiando también a los empleos fijos: la tentación de cambiar empleos fijos por temporales, jóvenes mejor formados y con la mitad de sueldo es muy grande para las empresas. Y además, si estos trabajadores precarios se quedan sin trabajo, cobran menos paro que los trabajadores fijos, porque han cotizado menos.

Precisamente, la tercera consecuencia de la alta precariedad es el “agujero” que está haciendo a las cuentas de la Seguridad Social: los trabajadores precarios cotizan menos (menos sueldo) y en consecuencia, aunque en 2015 hubo 530.000 cotizantes más, los ingresos subieron un 1,3%. Resultado: volvió a crecer el déficit de las pensiones (-12.000 millones), por quinto año consecutivo y hubo que echar mano de la hucha (sólo queda ya la mitad) para pagarlas. Y en el futuro, esta legión de trabajadores precarios seguirá cotizando poco, en perjuicio de sus pensiones futuras, que serán más bajas que las de los fijos.

Otra grave consecuencia es que los trabajadores precarios (en su mayoría jóvenes y mujeres) no pueden hacer planes de futuro, porque ganan muy poco y además no saben si mañana les renovarán el contrato. Esto les afecta a todos los órdenes de la vida, desde casarse (hay un 22% menos de matrimonios que en 2007) y tener hijos (más tarde, a los 31,8 años, y menos, 1,32 hijos por mujer) a alquilar un piso (hay que tener 620 euros extras para pagar un alquiler medio) o comprarlo, algo imposible para la gran mayoría de trabajadores precarios (sin un trabajo fijo, no hay hipoteca ni ingresos para pagarla). Resultado: el 78,5% de todos los jóvenes españoles (6,6 millones entre 16 y 30 años) viven con sus padres, sin poder emanciparse. Y muchos, por culpa del paro o de trabajos precarios, no están integrados social ni políticamente, “pasan de todo” y son presa de “populismos” y extremismos.

Pero las consecuencias de la precariedad no acaban aquí. A nivel de empresas, los trabajadores precarios son menos productivos, porque les faltan incentivos (es difícil trabajar con ganas sabiendo que es un empleo por una semana) y porque las empresas no invierten en su formación, lo que reduce su eficacia y su empleabilidad futura. Y mirando la economía, los trabajadores precarios gastan menos, con lo que las empresas y el país crecen menos. Cuanto más mileuristas haya, menos crecerá la economía y el empleo. Es de cajón.

Por todo ello, la enorme precariedad no es sólo una gran injusticia sino también un disparate económico que frena la recuperación. Urge mejorar la calidad del empleo que se crea. Y aquí hay dos recetas. Una, la de los empresarios y los economistas neo-liberales, que culpan de la precariedad a los contratos fijos: como tienen mucha protección y altas indemnizaciones, los empresarios hacen casi en exclusiva contratos temporales. Pero no es verdad: ni la protección frente al despido ni las indemnizaciones son más altas en España que en el resto de Europa, según este estudio de Antonio González. La diferencia está en que las empresas españolas han abusado del contrato temporal y por horas, utilizándolos para trabajos que son fijos, indefinidos y a tiempo completo. Y más tras la reforma laboral de 2012.

La receta de la patronal CEOE para crear más empleo es aumentar la precariedad: pidieron en 2015 ampliar el uso de los contratos temporales, para que puedan encadenarse más de 24 meses y refundir el contrato por obra con el eventual, en un contrato temporal “sin causa”, con una duración máxima de 2 años (un contrato “cajón de sastre”, con el que se pueda contratar temporalmente para casi todo…). Y en paralelo, los empresarios insisten en pedir los “contratos basura” para jóvenes, con un sueldo inferior al salario mínimo y 12 días de indemnización por año trabajado (los mini-jobs). O sea, piden más precariedad.

Entre tanto, los partidos plantean otras opciones. Ciudadanos defiende el contrato único: que todos los contratos sean indefinidos y con una indemnización menor al principio que vaya creciendo. Suena bien, pero muchos expertos critican que eso sólo serviría para “precarizar todos los contratos”: reduciría la indemnización de los actuales contratos fijos y en el futuro todos los contratos serían igual de precarios que ahora los temporales (“contrate fijo y despida cuando quiera porque será más barato que ahora”). Mientras, el PSOE defiende en su programa de investidura que haya sólo tres tipos de contratos (indefinido, temporal y de relevo) y medidas para perseguir la precariedad, con la inspección, penalizando las cotizaciones de los contratos temporales y favoreciendo su conversión en fijos.

La principal medida contra los contratos precarios es aplicarla Ley: que no se hagan contratos temporales o por horas para trabajos que son fijos y a jornada completa. Y para eso, hace falta una legislación más estricta, con multas más elevadas para las empresas, y desincentivar los contratos temporales con cotizaciones más altas. Y vigilar más el fraude, con más inspectores de Trabajo (hay 1.878 funcionarios, la mitad por trabajador que en Europa), que se dediquen más a luchar contra el fraude en los contratos: hoy, los inspectores se dedican a vigilar si el trabajador está dado de alta o comete fraude al desempleo y sólo el 1,13% de su trabajo se dedica a averiguar si los contratos son fraudulentos.

En resumen, la precariedad es un cáncer que se ha adueñado del empleo y daña seriamente a nuestra economía. No podemos seguir compitiendo en base a empresas que hacen trampas y eluden la Ley para rebajar sus costes laborales, empobreciendo a los trabajadores. Y que deterioran la productividad, las pensiones, la familia, la natalidad, el consumo y el crecimiento. Hay que apostar por un nuevo modelo laboral, donde las empresas compitan y ganen dinero con empleos de más calidad, en línea con Europa y no con China o Marruecos. Y eso obliga a una “política de palo y zanahoria”: más inspecciones y más multas a las empresas que “malcontraten” y ayudas e incentivos a las que contraten de forma estable. Es una de las tareas urgentes del futuro Gobierno. La precariedad nos destruye como personas y como país.