Tolerància zero a la discriminació

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L’1 de març és el dia per a la zero discriminació, i pensem que és una bona ocasió per a celebrar la diversitat i rebutjar la discriminació.
L’Article 1 de la Declaració Universal de Drets Humans, diu que  «Tots els éssers humans naixem lliures i iguals en dignitat i drets»..
Això no vol dir que tots haguem de ser uniformes i homogenis, sinó precisament el contrari: demanar igualtat és demanar que se’ns consideri a tots igual de diferents.
Diferents sí, però no desiguals.
Quan diem No a la discriminació, estem dient Sí a la diferència, sí a la riquesa de la diversitat, sí a la necessitat d’adaptar-se i ajustar respostes a les característiques particulars de cada cultura, grup o individu. No volem tractar a totes les persones igual perquè totes no som iguals. Però sí que volem que tothom sigui igual en dignitat.
La dignitat és la qualitat que tenim totes les persones i que ens fa valuoses, importants i respectables pel fet de ser persones, amb independència de les nostres diferències.
Quan parlem negativament de la discriminació, no és pel tracte diferenciador, sinó per l’actitud de menyspreu cap a l’altre en funció d’alguna de les seves característiques, que pot ser ètnica, de gènere, d’orientació sexual, de religió, de parla, d’edat, de salut, d’estament social o qualsevol altra.
Hi ha moltes maneres de combatre la discriminació i fomentar la tolerància i la com-passió. Podem intervenir a dos nivells:

  • Superant la invisivilització de certs col·lectius invisibles: donant-lis veu, temps i recursos, treballant la sensibilització..
  • Invertint en una correcta visibilització: superant estereotips, evitant l’estigmatització i la ridiculització de certes persones o col·lectius discriminats, desculpabilitzant les diferències, apoderant a les parts desiguals, apropant realitats diverses..)
Les persones que atenem a l’Associació ALBA, el tipus de discriminació que més pateixen és en tema de salut, pel fet de tenir una addició, o/i una malaltia mental.
Des d’aquí defensem que la diferència (o la similitud) no hauria de donar ni treure drets en una societat d’iguals (que no d’idèntics), i fem una crida a la responsabilitat de tots per a vèncer la discriminació negativa.

Toxicosmos #23 Dilluns 29 febrer 2016

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Los Flechazos, Leon Benavente, Kuve…protagonizan la actualidad de la semana.

Abrimos el programa de esta semana recuperando a Los Flechazos para hablarte de los 30 años haciendo canciones que Alex Cooper acaba de cumplir. La actualidad nacional nos trae también a Leon Benavente, Octubre, Izal, Gustavo Redondo, Ramirez Exposure, The Bright, Kostrok, Mi Capitán, Esperit!, Saez, Efecto Kuleshov, Lecciones de Vuelo, Kuve, Parade y Fangoria. Y además vuelven a sonar algunos discos del pasado 2015, como los de Dorian, Estereotypo, Rafa Spunky, Colajet Set y Rural Zombies.

Pecker firma nuestra versión de la semana con un sorprendete adaptación de un clásico de Eurovisión y en nuestra vista atrás recuperamos a Fine! con un disco que ahora cumple 15 años.

Y en la recta final del programa escuchamos algunas novedades internacionales como las de Lucius, Kodaline, Travis, Holy Esque y Femme.

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Diez consejos para que los parados mayores de 45 años encuentren un trabajo

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Diez consejos para que los parados mayores de 45 años encuentren un trabajo

 
Cerca de 2 millones de parados superan los 45 años en España, estiman desde la Fundación Adecco que resaltan que son los más afectados por el desempleo de larga duración y los más expuestos a la exclusión social. Por este motivo, esta Fundación ha editado el decálogo gratuito «Tu edad es un Tesoro», a la que precedió la Guía 15 consejos para encontrar trabajo, con 10 claves para que este segmento de la población pueda competir con eficacia en el mercado laboral:

1.Reciclaje profesional. Con la crisis económica, algunos sectores tradicionales han dejado de generar oportunidades laborales, por lo que debemos conocer las nuevas necesidades del mercado y adaptarnos a las mismas. Esto no quiere decir que lo que hayamos hecho hasta ahora no sirva de nada. Sólo tenemos que cambiar un poco el enfoque, completando nuestra candidatura con nuevas formaciones y competencias.

2.Currículum breve. Cuando superamos los 45 años, acostumbramos a acumular un importante bagaje profesional. Probablemente, llevemos más de 20 años trabajando y, en este tiempo, hemos tenido numerosas y variadas experiencias laborales. Sin embargo, hemos de escoger sólo las más significativas y redactarlas en orden cronológico inverso, de forma que siempre sean percibidas las experiencias más recientes. En total, nunca superemos las 2 páginas.

3.Aporta valor a las experiencias prolongadas. Es muy posible que, en nuestra trayectoria profesional, contemos con periodos muy extensos en la misma empresa (más de 5 años). En este caso, no sólo hemos de describir las funciones que hemos desempeñado, sino buscar aspectos que las enriquezcan o las doten de un valor añadido

4. Adapta tu currículum a cada oferta. A menudo, cuando buscamos trabajo, no nos centramos en un único perfil, sino que estamos abiertos a diferentes ofertas laborales. Por ello, si estamos interesados en 2 puestos diferentes, hemos de ofrecer a cada reclutador lo que busca, a través de un currículum ad hoc. Tener más de 45 años es una ventaja para tener varios modelos de currículum, ya que –en muchos casos- a lo largo de nuestra vida hemos desempeñado puestos en sectores diferentes y variados.

5.Alfabetización tecnológica. Hasta hace un par de décadas, no era necesario saber encender un ordenador para optar a ciertos tipos de empleo. Sin embargo, hoy vivimos en un mundo digitalizado, en el que casi todos los puestos nos exigirán cierta intuición tecnológica. No es necesario ser un experto en la materia, pero sí hemos de tener nociones básicas en 3 ámbitos: paquete office, correo electrónico y navegación por internet.

6.Las Redes Sociales dan un barniz de jovialidad a nuestra candidatura Las Redes Sociales son una nueva forma de relacionarnos con los demás a través de Internet, compartiendo información que nos aporta valor a nivel personal o profesional. Las dos más famosas son Twitter y Linkedin. Si tenemos más de 45 años y contamos con un perfil profesional en ambas plataformas, nuestra candidatura será percibida de forma mucho más positiva, ya que transmitiremos la imagen de profesional actualizado y a la vanguardia en nuevas tecnologías.

7.Presenta la edad como un valor añadido. Hay que partir de una premisa: tener más de 45 años no es un problema y nunca hemos de ocultarlo. Muy al contrario, tenemos de estar orgullosos de nuestra edad y de la experiencia y conocimientos que hemos acumulado, viendo reforzados valores como la experiencia, la madurez, la templanza o el control emocional.

8.El voluntariado: la mejor forma de llenar tiempos vacíos. El paro de larga duración se ha convertido en un mal crónico para muchos mayores de 45 años. Por todo ello, es importante llenar estos vacíos y hay una fórmula que resulta muy bien valorada por las empresas: el voluntariado. Es una opción muy positiva siempre, pero aún más cuando la tarea de buscar empleo se prolonga más de lo que esperábamos. Nos ayuda a sentirnos útiles para la sociedad, nos permite hacer nuevos contactos y que las empresas nos perciban como personas dinámicas y comprometidas con el entorno.

9.Conservar una actitud positiva. Aunque es el consejo número nueve, realmente es la piedra angular de todo el proceso de búsqueda, los cimientos sobre los que edificaremos nuestra estrategia laboral. La edad no debe desanimarnos, sino que hemos de tener tanto positivismo como años cumplidos.

10.No estás solo: En este decáloco se recomienda acudir a ayuda experta. Si a pesar de tener una buena planificación en tu búsqueda de empleo, transcurren los meses y no tienes éxito, recuerda que no estás solo, sino que existen a tu disposición entidades expertas en inserción laboral.

En esta línea, Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, resalta que «en ocasiones, algunas empresas ven a los candidatos como un lienzo en blanco en el que pintar sus valores corporativos, temiendo que el mayor de 45 años sea menos flexible a interiorizarlos, a afrontar cambios o a adaptarse a un equipo más joven». Además, añade que «existen otras creencias estereotipadas y nada reales, como que el trabajador mayor exigirá contratos estables y mejor remunerados».

En opinión de Arancha Jiménez, directora de operaciónes, «muchos desempleados mayores de 45 años solicitan nuestro apoyo, porque se sienten desbordados a la hora de competir en un mercado laboral cada vez más complejo y exigente»

Bella Quirze Band. Concert solidari a Sabadell

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Una gran experiència musical i un emotiu concert solidari del cor de gospel  Bella Quirze Band a Can Balasch de Sabadell.

El drama del desempleo de larga duración

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El drama del desempleo de larga duración

De entre todas las tragedias que una crisis como la actual depara, ninguna se percibe más injusta que la de los parados de larga duración. Mientras el tiempo medio de desempleo en una recesión más ligera no tiene por qué ser preocupante, la prolongada duración de la actual coyuntura hace que cada vez más trabajadores hayan sobrepasado los distintos umbrales a partir de los cuales un desempleado pasa a considerarse de larga duración. Así, una situación que antes de la crisis afectaba solo a poco más de 400.000 personas, el 25% de los desempleados, afecta hoy a casi tres millones, más del 50% de los parados.

En una situación en la que la tasa de ocupación, es decir, el porcentaje de la población adulta con trabajo, ha caído de nuevo por debajo del 60%, el paso a la inactividad indefinida de grandes colectivos de ciudadanos supondría una pérdida irreparable del recurso más preciado con el que cuenta todo país: sus trabajadores.

La pérdida de habilidades laborales asociada al desempleo de larga duración está causando un deterioro del capital humano en España. Este problema se concentra, además, en los grupos de edad más avanzada. Si bien en la franja de entre los 60 y los 64 años, no se considera tan grave debido a la cercanía a la edad de jubilación, el problema para los desempleados de las franjas inmediatamente anteriores es significativo y trágico. A un parado de 55 años le quedarían todavía unos 12 años hasta su jubilación, pero la combinación de su edad con el desempleo de larga duración hace casi imposible su reinserción laboral.

Efecto psicológico.

Además, el cómputo de la base de cotización para la pensión se basa desproporcionadamente en los últimos años de la vida laboral, de forma que quienes no coticen los últimos años percibirán una pensión sensiblemente menor, independientemente de los años que lleven cotizados. Una situación de nuevo injusta que afectará al colectivo con más dificultades para reciclarse.

El desempleo de larga duración tiene dos consecuencias negativas bien documentadas, una de naturaleza psicológica y otra económica o de empleabilidad. En primer lugar los parados sufren fuertes daños emocionales debido a la baja autoestima y a la sensación de no ser útiles para su propia familia ni para la sociedad. El sociólogo Thomas Cottle, de la Universidad de Boston, documenta en su obra Los momentos más difíciles: el trauma del desempleo de larga duración, cómo los individuos, aunque la situación se deba a menudo a circunstancias externas, acaban por internalizar las causas y sufriendo fuertes daños: “El desempleo de larga duración tiene efectos devastadores a nivel físico, psicológico y espiritual”.

Estos daños psicológicos tienden además a empeorar la segunda consecuencia del desempleo prolongado: la cada vez más escasa probabilidad de encontrar un nuevo empleo. Los motivos por los que este fenómeno puede darse son diversos, pero todos ellos están ligados a un concepto hoy clave para la comprensión del comportamiento humano, la “teoría de la señalización”. Esta teoría intenta explicar cómo los empleadores interpretan la poca información que conocen sobre un candidato a partir de lo que dicha información puede sugerir sobre su comportamiento pasado. Así, alguien puede haber perdido su empleo por una circunstancia ajena a su desempeño, pero también existe la posibilidad de que existiese un problema real con su rendimiento o compromiso, lo cual lo pone en desventaja respecto a otros candidatos que aún conservan su trabajo.

Puede también que sea fruto de la mala suerte, que una persona tarde más de un año en encontrar un empleo, pero puede que el candidato no lo encuentre porque su disposición a trabajar y su compromiso no sean sólidos. Es decir, los desempleados de larga duración llevan consigo un estigma laboral que no se deriva directamente de su actitud o aptitudes personales, sino que sufre interferencias a menudo de la situación general.

Todo esto, ya de por sí injusto e indeseable, condena al desempleo a individuos capaces y motivados por el simple hecho de pertenecer al grupo erróneo. El fenómeno, conocido como la “discriminación racional”, ha sido también ampliamente estudiado, y los investigadores han descubierto que se trata de un problema que se retroalimenta constantemente. Es decir, no solo ocurre que el empresario o el empleador puedan formarse un estereotipo negativo a partir de la realidad que acompaña a una persona mucho tiempo desempleada, sino que además esta mayor tasa de rechazo provoca a su vez un efecto perverso: los desempleados perciben que van a ser injustamente tratados en el mercado laboral, se desaniman y comienzan a invertir menos esfuerzo en buscar empleo.

El efecto final de esta rueda es desalentador. Como ha mostrado Rand Ghayad, de la Northeastern University, la probabilidad de encontrar un empleo comienza a reducirse seriamente a partir del sexto mes de paro. El equipo de Ghayad confeccionó 4.600 currículos falsos, que fueron enviados a 600 ofertas laborales distintas, y en los cuales se describían individuos con distintos niveles de formación, experiencia y situación respecto a cuánto tiempo llevaban sin trabajo. Los resultados fueron demoledores: mientras los empleadores respondían al menos a las solicitudes de aquellos con poca experiencia laboral que solo habían estado unos pocos meses desempleados, ignoraban casi sistemáticamente las solicitudes de quienes llevaban ya más de seis meses en el paro. Ni la experiencia previa ni los motivos de la pérdida del trabajo parecían importar; los currículos de quienes llevaban medio año sin trabajar eran automáticamente descartados.

El perfil de los candidatos.

No obstante, aún existe una esperanza para que esta injusta situación comience a cambiar. Algunas de las más importantes empresas de recursos humanos están descubriendo, a partir del análisis de las bases de datos masivas sobre sus usuarios y su historial de empleo, que la situación previa de desempleo, aun cuando se trate de larga duración, no es un buen criterio para predecir la idoneidad de un candidato.

¿En qué medida puede llegar esta nueva corriente a las decisiones de contratación de la empresa española? Si la discriminación basada en el tiempo de desempleo es injusta y además ineficiente, ¿existe algún mecanismo institucional que pueda avanzar en dicha dirección? Lamentablemente, parece que no. La legislación laboral poco puede hacer al respecto; aunque pueda demostrarse que la discriminación basada en la antigüedad en el desempleo es contraproducente socialmente, en la práctica sería imposible demostrar que un rechazo ha sido debido a dicha característica. Además, dado que la propia naturaleza del mercado laboral requiere la confección de un currículum detallado para la búsqueda de empleo, resultaría también imposible impedir que los empleadores no tuvieran acceso a dicha situación.
La solución al problema es, por lo tanto, muy difícil. No existe prácticamente ningún mecanismo institucional, más allá de los incentivos fiscales, capaz de aumentar la empleabilidad de los parados de larga duración, especialmente la de aquellos que superan ya los 50 años de edad. Solo una modernización en los departamentos de recursos humanos de las empresas puede lograr que se valore a cada candidato según su valía y no a partir de una discriminación por la pertenencia a dicho grupo. La responsabilidad no se encuentra, por lo tanto, únicamente en el Gobierno, sino en todos los agentes que toman decisiones de contratación y que no deberían desaprovechar un enorme colectivo de ciudadanos que lucha por reincorporarse al mundo laboral.
Tiempo.

Empleo Precario

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Un cáncer para la economía


España lleva casi dos años creando empleo, pero muy precario: en 2015, el 92% de los nuevos trabajos fueron temporales y el 35% por horas. Somos el segundo país de Europa con más empleo temporal, tras Polonia : 1 de cada 4 trabajadores tienen contrato con fecha de caducidad. Muchos dirán: mejor un trabajo precario que estar en paro. Sí, pero cuidado: tanto empleo precario no sólo perjudica a los que lo tienen, sino a todo el país: tira hacia debajo de los sueldos, hay más riesgo de quedarse en paro, se cotiza poco y las pensiones tienen un peligroso “agujero”, se compran y alquilan menos viviendas, los jóvenes no se emancipan, nacen menos niños, hay más desarraigo social y político y los trabajadores precarios son menos productivos, consumen poco y se crece menos. El trabajo precario es un cáncer para la economía. Urge mejorar la calidad del empleo, no sólo por dignidad, también para conseguir un crecimiento mayor y más estable. Nos importa a todos.

enrique ortega

La precariedad en el empleo no es algo exclusivo de esta crisis: España la lleva sufriendo 30 años. Los contratos temporales surgieron con fuerza en la crisis de los años 80, cuando el Gobierno de Felipe González aprobó, en 1984, el contrato temporal no causal, con una indemnización más baja que la de los contratos indefinidos. En 1.987 ya hay un 23% de contratos temporales y siguen creciendo en los años 90, hasta llegar a un récord del 40% de contratos temporales en 1995. Y en 2007, España tenía un 32% de contratos temporales, el segundo porcentaje mayor de Europa, tras Polonia. Al estallar la crisis, las empresas empiezan a despedir primero a los trabajadores temporales y por eso baja su porcentaje, al 24,98% en 2011. Pero después, suben con la reforma laboral de Rajoy (2012), hasta el 25,66% en 2015, porque casi todo el empleo que se ha creado en los dos últimos años es temporal.

En 2015, el 91,87% de todos los contratos firmados fueron temporales y sólo un 8,13% fijos. Y lo peor, además, es que cada vez son contratos por menos tiempo: los contratos por 7 días o menos fueron la cuarta parte del total y un tercio fueron por menos de un mes. En la industria, por ejemplo, antes de la crisis se firmaban contratos temporales por 6 meses de media y ahora se firman por menos de dos meses. O sea que si antes se hacían 2 contratos al año por puesto, ahora se hacen 6. Pura rotación: cada vez hay más personas por cada empleo.

El otro problema de los contratos temporales es que no se convierten en contratos fijos: entre 2013 y 2014, sólo un 11% de los que empezaron con un contrato temporal consiguieron después un contrato indefinido, según los datos de Empleo. En Europa, esa tasa de conversión de temporales en fijos es el doble, el 28% en la UE-28, aunque en Reino Unido se hacen fijos el 61% de los contratos temporales, en Alemania el 28%, en Italia el 21% y en Portugal el 18%. Así que somos el segundo país de Europa que menos transforma contratos temporales en fijos, sólo por detrás de Francia (10%).

La otra cara de la precariedad son los contratos a tiempo parcial, por horas, que también han batido todos los récords en 2014 y 2015. El año pasado, un 35,58% de los contratos firmados fueron por menos tiempo de la jornada normal (y el 89% eran además temporales). Son contratos por horas o por días, aunque en muchos casos es un fraude y el empleado trabaja 8,10 o 12 horas y cotiza por 4 (algo habitual en hostelería y comercio). Las mujeres son las más afectadas: fueron por horas la mitad de los contratos conseguidos en 2015 (47,28%), mientras eran sólo la cuarta parte de los hechos a los hombres (26,5%).

Aumentan los que trabajan menos horas, pero a cambio, para compensarlo, los demás trabajadores hacen muchas más horas extras, sobre todo con la reforma laboral aprobada por el Gobierno Rajoy (febrero 2012): se hacían 5.937.100 horas extras semanales a finales de 2015, según la EPA, 600.000 más que a finales de 2011. Y la mayoría, el 54% no se pagan (cuando en 2011 sólo el 49% no se pagaban). Del total de asalariados (15 millones), 727.600 trabajadores hacen horas extras y al 51,6% no se las pagan. Otra forma de precariedad.

Y también hay más “precariedad” en los contratos fijos. En 2015, para crearse un puesto de trabajo indefinido hubo que firmar 1,45 contratos fijos, cuando en 2007 eran 1,18 contratos. O sea que la crisis y la reforma laboral han provocado también que haya más rotación en el empleo indefinido: es necesario firmar más contratos fijos para consolidar un empleo permanente. O sea, que también los contratos indefinidos son ahora más inestables.

Al final, el aumento de la precariedad desde 2011 configura un mercado laboral donde el 25,66% de los trabajadores tienen un contrato temporal, el segundo mayor porcentaje de Europa, tras Polonia (28% de temporales), casi el doble que en Europa (14%) y por delante de Reino Unido (7%), Alemania (13%), Italia (14%), Francia (16%) o Portugal (22%), según datos de Eurostat. Y el 15,71% de los trabajadores españoles tienen un contrato a tiempo parcial, por horas, aún por debajo de la media europea (19,5% en UE-28), pero con dos importantes diferencias: aquí la mayoría de estos contratos por horas son temporales y no se eligen, sino que se cogen porque no hay otro trabajo. El 62% de los españoles con estos contratos querrían un contrato a tiempo completo, según la EPA, mientras sólo lo tenían “obligados” un 32% en Francia, un 17,5% en Reino Unido o un 13,7% en Alemania, según la OCDE .

Como se ve, los datos de la precariedad laboral en España son apabullantes. Un problema que afecta sobre todo a los trabajadores precarios (1 de cada 4), pero también al resto de trabajadores y a todo el país. La primera consecuencia de la precariedad son los bajos salarios, porque es un empleo peor pagado: un trabajador con contrato temporal gana un 37% menos que uno con contrato fijo y un trabajador a tiempo parcial gana la tercera parte que uno a jornada completa, según los datos del INE. Pero además, esos bajos salarios de los precarios “tiran a la baja” del resto de los salarios, provocando que los sueldos de todos los trabajadores bajen (2012-2014) o apenas suban (2015). Y el que no quiera ya sabe: hay 100 esperando por ocupar su puesto ganando la mitad. El resultado es que, con tanta precariedad, el salario más corriente ha bajado a 15.500 euros brutos (unos 1.000 euros netos en 14 pagas), según el INE. Y que el 40% de los asalariados (5,9 millones de trabajadores) ganan menos del salario mínimo (655,20 euros al mes), según UGT.

La segunda consecuencia de la alta precariedad es el riesgo de perder el empleo, dado que el 89% de los contratos temporales no se convierten en fijos. Y ese riesgo aumenta si vuelve la crisis, contagiando también a los empleos fijos: la tentación de cambiar empleos fijos por temporales, jóvenes mejor formados y con la mitad de sueldo es muy grande para las empresas. Y además, si estos trabajadores precarios se quedan sin trabajo, cobran menos paro que los trabajadores fijos, porque han cotizado menos.

Precisamente, la tercera consecuencia de la alta precariedad es el “agujero” que está haciendo a las cuentas de la Seguridad Social: los trabajadores precarios cotizan menos (menos sueldo) y en consecuencia, aunque en 2015 hubo 530.000 cotizantes más, los ingresos subieron un 1,3%. Resultado: volvió a crecer el déficit de las pensiones (-12.000 millones), por quinto año consecutivo y hubo que echar mano de la hucha (sólo queda ya la mitad) para pagarlas. Y en el futuro, esta legión de trabajadores precarios seguirá cotizando poco, en perjuicio de sus pensiones futuras, que serán más bajas que las de los fijos.

Otra grave consecuencia es que los trabajadores precarios (en su mayoría jóvenes y mujeres) no pueden hacer planes de futuro, porque ganan muy poco y además no saben si mañana les renovarán el contrato. Esto les afecta a todos los órdenes de la vida, desde casarse (hay un 22% menos de matrimonios que en 2007) y tener hijos (más tarde, a los 31,8 años, y menos, 1,32 hijos por mujer) a alquilar un piso (hay que tener 620 euros extras para pagar un alquiler medio) o comprarlo, algo imposible para la gran mayoría de trabajadores precarios (sin un trabajo fijo, no hay hipoteca ni ingresos para pagarla). Resultado: el 78,5% de todos los jóvenes españoles (6,6 millones entre 16 y 30 años) viven con sus padres, sin poder emanciparse. Y muchos, por culpa del paro o de trabajos precarios, no están integrados social ni políticamente, “pasan de todo” y son presa de “populismos” y extremismos.

Pero las consecuencias de la precariedad no acaban aquí. A nivel de empresas, los trabajadores precarios son menos productivos, porque les faltan incentivos (es difícil trabajar con ganas sabiendo que es un empleo por una semana) y porque las empresas no invierten en su formación, lo que reduce su eficacia y su empleabilidad futura. Y mirando la economía, los trabajadores precarios gastan menos, con lo que las empresas y el país crecen menos. Cuanto más mileuristas haya, menos crecerá la economía y el empleo. Es de cajón.

Por todo ello, la enorme precariedad no es sólo una gran injusticia sino también un disparate económico que frena la recuperación. Urge mejorar la calidad del empleo que se crea. Y aquí hay dos recetas. Una, la de los empresarios y los economistas neo-liberales, que culpan de la precariedad a los contratos fijos: como tienen mucha protección y altas indemnizaciones, los empresarios hacen casi en exclusiva contratos temporales. Pero no es verdad: ni la protección frente al despido ni las indemnizaciones son más altas en España que en el resto de Europa, según este estudio de Antonio González. La diferencia está en que las empresas españolas han abusado del contrato temporal y por horas, utilizándolos para trabajos que son fijos, indefinidos y a tiempo completo. Y más tras la reforma laboral de 2012.

La receta de la patronal CEOE para crear más empleo es aumentar la precariedad: pidieron en 2015 ampliar el uso de los contratos temporales, para que puedan encadenarse más de 24 meses y refundir el contrato por obra con el eventual, en un contrato temporal “sin causa”, con una duración máxima de 2 años (un contrato “cajón de sastre”, con el que se pueda contratar temporalmente para casi todo…). Y en paralelo, los empresarios insisten en pedir los “contratos basura” para jóvenes, con un sueldo inferior al salario mínimo y 12 días de indemnización por año trabajado (los mini-jobs). O sea, piden más precariedad.

Entre tanto, los partidos plantean otras opciones. Ciudadanos defiende el contrato único: que todos los contratos sean indefinidos y con una indemnización menor al principio que vaya creciendo. Suena bien, pero muchos expertos critican que eso sólo serviría para “precarizar todos los contratos”: reduciría la indemnización de los actuales contratos fijos y en el futuro todos los contratos serían igual de precarios que ahora los temporales (“contrate fijo y despida cuando quiera porque será más barato que ahora”). Mientras, el PSOE defiende en su programa de investidura que haya sólo tres tipos de contratos (indefinido, temporal y de relevo) y medidas para perseguir la precariedad, con la inspección, penalizando las cotizaciones de los contratos temporales y favoreciendo su conversión en fijos.

La principal medida contra los contratos precarios es aplicarla Ley: que no se hagan contratos temporales o por horas para trabajos que son fijos y a jornada completa. Y para eso, hace falta una legislación más estricta, con multas más elevadas para las empresas, y desincentivar los contratos temporales con cotizaciones más altas. Y vigilar más el fraude, con más inspectores de Trabajo (hay 1.878 funcionarios, la mitad por trabajador que en Europa), que se dediquen más a luchar contra el fraude en los contratos: hoy, los inspectores se dedican a vigilar si el trabajador está dado de alta o comete fraude al desempleo y sólo el 1,13% de su trabajo se dedica a averiguar si los contratos son fraudulentos.

En resumen, la precariedad es un cáncer que se ha adueñado del empleo y daña seriamente a nuestra economía. No podemos seguir compitiendo en base a empresas que hacen trampas y eluden la Ley para rebajar sus costes laborales, empobreciendo a los trabajadores. Y que deterioran la productividad, las pensiones, la familia, la natalidad, el consumo y el crecimiento. Hay que apostar por un nuevo modelo laboral, donde las empresas compitan y ganen dinero con empleos de más calidad, en línea con Europa y no con China o Marruecos. Y eso obliga a una “política de palo y zanahoria”: más inspecciones y más multas a las empresas que “malcontraten” y ayudas e incentivos a las que contraten de forma estable. Es una de las tareas urgentes del futuro Gobierno. La precariedad nos destruye como personas y como país.

Diumenge 6 març, mobilització i cercavila per l’escola catalana

Entrada compartida per AMPA CEIP ENXANETA DE TERRASSA

Diumenge 6 de març al Parc del Catalans a les 12:00h, mobilització i cercavila per l’escola catalana: Impulsada per la Comunitat Educativa de Terrassa

 

Us animem a participar en la mobilització i cercavila per l’escola catalana, diumenge 6 de març de 2016 al Parc dels Catalans a les 12:00h.

 

Benvolgudes famílies,

Des de la Comunitat Educativa de Terrassa s’està preparant la tercera jornada per l’Escola Pública. La data escollida és el 6 de març. Aquest any, més que mai, hem de fer esforços per visualitzar l’Escola pública davant l’amenaça de l’administració de tancaments de grups de P3. La unitat en la defensa de l’Escola Pública ens farà agafar forces per plantar cara.

Us hi esperem a tots!!

 

 

 

 

Les Zonas de Reserva Campesina i la lluita pel reconeixement del camperolat a Colòmbia

Entrada compartida per ASSOCIACIO CATALANA PER LA PAU (DELEG)

El Projecte en al que donem suport l’ACP s’emmarca en una Zona de Reserva Campesina (ZRC): La del Valle del Río Cimitarra. Però, què és una ZRC? Què vol dir? Una ZRC és una figura jurídica d’ordenament i regulació territorial que empodera les comunitats camperoles que hi viuen i les protegeix de l’amenaça del conflicte armat colombià. Hi ha 6 en tot el país, que en total sumen unes 800.000 hectàrees, un 0,7% de la superfície total de Colòmbia. A més, hi ha 63 que estan en procés de constitució. Aquestes zones es van gestar i constituir entre el 1997 i el 2002 (data en què s’aprova la darrera, la del Valle del riu Cimitarra), gràcies a l’aprovació de la llei 160 de 1994, que les reconeix com a figura legal. Però no va venir de cop, ja que aquesta normativa és fruit de llargues lluites camperoles que exigien frenar els monocultius i la mineria, que estava provocant el desplaçament forçat de moltes comunitats. Les avantatges són múltiples: amb la creació d’aquests territoris “protegits” de la intervenció estatal i dels xocs entre exèrcit i guerrilles; es pot promoure l’economia rural a petita escala, i es fomenta l’autoorganització i la participació en el disseny dels plans de desenvolupament per part dels grups que l’habiten. A més, permet caminar cap a la encara llunyana Reforma Agrària, que les associacions camperoles porten tant de temps reclamant, per a trencar amb la concentració de la terra. No hagués estat possible tot aquest moviment sense les organitzacions camperoles que ho han impulsat des dels anys 1970, com la Asociación Campesina del Valle del Cimitarra (ACVC, la contrapart de l’ACP en el projecte de la granja de búfals), organitzades des de la base en Juntes d’Acció Comunal (JAC) per organitzar el camperolat i representar-lo. És aquí on es reuneixen les habitants dels municipis de la regió per a dur a terme el treball de gestió i incidència política i social en el sector rural, a través del debat entorn els Plans de Desenvolupament . Malgrat el pas endavant cap al reconeixement del camperolat com a subjecte polític amb capacitat de dirigir els processos de desenvolupament, i promoure un canvi en la distribució de la terra; hi ha sectors del govern i els estaments militars que han posat trabes al reconeixement de les ZRC, ralentint la seva constitució i impedint que se’n creeïn de noves (hi ha 63 en procés de petició) parlant de “dificultats en treballar amb totes les Zones conjuntament” o “la manca de seguretat en algunes regions”.